UNA ESCULTURA FLOTANTE Y LUMINOSA CONQUISTA LA PLAZA MAYOR

Una escultura flotante de la artista Janet Echelman ha sido la guinda final de la tarta de cumpleaños de la Plaza Mayor de Madrid, que durante el último año ha celebrado sus cuatrocientos años de vida. Luz y color sobre la estatua ecuestre de Felipe II, cual medusa de los sueños. Todo un espectáculo de sensaciones.

 

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Si hay un lugar emblemático en Madrid, por lo castizo y por ser lugar de paso y de encuentro, ese es, sin duda, la Plaza Mayor de Madrid. Sus orígenes se remontan al siglo XVI, cuando allí se comenzó a celebrar el mercado principal de la villa. Mucho ha llovido desde entonces y muchas historias y personas han pasado por la plaza en sus cuatrocientos años de vida, que hemos celebrado desde la primavera de 2017. Y para finalizar los festejos y homenajes, nada mejor que arte efímero y moderno, para contrastar con lo perenne y clásico de la plaza. Porque como bien indica el eslogan elegido para conmemorar el cuarto centenario, “TODO PASA POR LA PLAZA”. 

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La escultura flotante de la artista estadounidense Janet Elcheman es una instalación formada por una malla compuesta por capas de fibra técnica trenzada y anudada de 45 metros de largo por 35 metros de ancho y 21 de alto en combinación con una iluminación espectacular que va cambiando. Además, la escultura vibra con el viento, lo que crea un baile mágico para los sentidos.

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El concepto de la obra proviene de conjuntos de datos científicos del terremoto y el tsunami de Japón en 2011, y de la noción de que todos estamos conectados entre los sistemas naturales de la Tierra. Desde luego, el efecto que logra es impresionante, especialmente de noche, que es cuando el juego de luces comienza. 

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La Plaza Mayor no habría podido tener un final de fiesta de cumpleaños más evocador y especial. Además, desde abajo, dependiendo del ángulo y del movimiento, la escultura recuerda a un calamar… No sabemos si por casualidad o por hacer un guiño al clásico bocadillo de calamares de la plaza, quién sabe. O tal vez fuera solo nuestra mente. El caso es que disfrutar de esta escultura flotante y luminosa ha sido una experiencia muy especial. Ojalá se siga celebrando cada año de vida de la plaza así. 

Texto: Silvia Rueda / Fotos: Itxaso Lara

 

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